Por algunos momentos, los niños y niñas guardaron sus cuadernos y sus estuches para convertir la sala de clases en una verdadera cocina. Cada uno preparó su mesa para comenzar a trabajar en su pizza.
Los chefs vinieron muy preparados, pues trajeron su delantal y su paño de cocina y también un gorro para hacer un trabajo muy profesional. Utilizando masas preparadas, los niños y niñas fueron completando sus pizzas.

Además del tradicional queso y la salsa de tomate, cada uno trajo lo que más le gustaba para dar vida a su receta: jamón, salame, camarones, palmitos, aceitunas... y hasta piña para los agridulces.
Así, fueron naciendo distintos nombres para las pizzas, como “Happy Pizza”, “Primavera”, “Diversión”, etc. También se vio la creatividad de los niños al ir haciendo figuras con los ingredientes. Por ejemplo, varios formaron una cara, usando los salames como ojos y una aceituna como nariz.

Cada curso se había organizado para traer un microondas o un horno eléctrico. Así que las pizzas estuvieron listas en pocos minutos y cada uno disfrutó de su creación, compartiendo con sus compañeros y compañeras una rica convivencia.
 

 
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